“Form ever follows function”
(Louis H. SULLIVAN, 1896, “The Tall OfficeBuilding Artistically Considered”, en Kindergarten Chats and Other Writings, Dover, 1918, NY; reprod. 1979).
Acabo de releer el libro de Carol WILLIS (1995): “Form Follows Finance: Skyscrapers and Skylines in New York and Chicago”, Princeton Architectural Press, NY. Me ha traído a la mente un viejo debate: ¿Puede valorarse la imagen estética de los rascacielos o la forma de la traza en el plano de una ciudad con independencia del coste social económico político y funcional con que está configurada? ¿Puede ser la ciudad un objeto estético juzgable sólo por sus elementos sueltos yuxtapuestos en el tiempo? O ¿debe ser integralmente analizada como organismo complejo?.
Mi opinión es que el conocimiento de una realidad no puede ser parte del juicio de esa misma realidad. Os pongo un ejemplo: imaginar el juicio crítico de una foto de las víctimas sangrientas de una explosión en la guerra. ¿Puede apreciarse separadamente el valor de la foto como obra de arte de su temática concreta y cómo describe la guerra?. Voy más allá: ¿y si encima sabemos que la bomba ha sido tirada por el fotógrafo para lograr un impresionante documento?. A algo muy similar equivale el juicio de una ciudad con rascacielos donde sabemos que han sido construidos con la violencia del beneficio extraído a la comunidad, arrasando la sostenibilidad del lugar, explotando la economía urbana, y extrayendo 10 veces más beneficios que los gastos sociales generados en externalidades.
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