Innovar, construir.
Los editores de la revista arketypo (revista de arquitectura, y de algunas cosas más) me han invitado a colaborar en su próximo número con un articulito que reservan en cada ejemplar a una "firma invitada". No sé si al final el texto que aparezca en la revista se parecerá a lo que a continuación os transcribo, pero seguramente por aquí irán los tiros: este es un primer borrador de lo que me ha parecido más interesante contar, sobre la innovación, ahora que está tan de moda este asunto, también en nuestro gremio. Os adelanto el borrador que he preparado para esa colaboración, y aprovecho para pediros opinión y sugerencias: si os dieran la oportunidad de contar en no más de un folio lo que os parezca más interesante, para llegar a un público supuestamente especializado (arquitect@s, fundamentalmente), ¿qué contaríais? ¿Sobra, falta, cambiaríais algo de este rollo que me he cascado?
Innovar, construir.
Proyectar y construir obras de arquitectura y urbanismo ha sido siempre –y espero que así lo siga siendo- un ejercicio de creatividad, de innovación, de inventiva. A l@s arquitect@s nos educan para inventar, para dar soluciones a problemas viejos y nuevos, para que pongamos sobre la mesa alternativas imaginativas, soluciones viables que, a la vez de responder a los requisitos, superen la realidad ya conocida, se salgan del marco ya experimentado, mejoren la eficiencia de los recursos empleados y obtengan mejores resultados para sus usuarios.
Sin embargo, en otros campos de la construcción –las infraestructuras de transporte, energéticas, hidráulicas o de telecomunicaciones- o en otras industrias o actividades humanas hemos visto que la innovación ha dado la vuelta como un calcetín a todas las tecnologías y oficios conocidos, los ha convertido en obsoletos, mientras que las obras de arquitectura siguen construyéndose, en una buena parte, como las edificaban los sumerios hace 5.000 años, con piezas de barro cocido puestas una sobre otra y tomadas con argamasa. Mientras la industria del automóvil es capaz, hace ya decenios, de producir en serie y a bajo coste artefactos estancos y bastante confortables a más de 100 km/h y sometidos a condiciones climatológicas extremas, nosotros seguimos asumiendo en nuestros edificios condensaciones o filtraciones de agua como patologías casi inevitables. El alcance de la evolución tecnológica tan importante en otros campos de la actividad humana en los dos últimos siglos, por un lado, ha sido muy limitada en la edificación, reducida a algunos elementos más industrializados (instalaciones o carpinterías, por ejemplo) y tras la aplicación de las estructuras de acero y de hormigón parece que poco se ha avanzado en la investigación y la aplicación práctica de nuevos materiales y sistemas.
La sociedad requiere nuevas necesidades de confort, de seguridad, de belleza y armonía de los espacios, pero se resiste al cambio, a las innovaciones que en otros órdenes de la vida se han producido, se están produciendo ahora mismo. Parte de la culpa de esa resistencia es posible que esté en el carácter financiero, de inversión, que se ha dado a los bienes raíces, primado por encima de su valor de uso. Cuando alguien deposita en un edificio (en su casa, en su hipoteca) sus ahorros vitales, presentes y futuros, está menos predispuesto a hacer experimentos con el activo subyacente. Obviamente. Por eso, quienes tienen la mayor responsabilidad en esta cultura del cambio, de la innovación en la arquitectura, somos precisamente quienes valoramos el uso frente a la inversión: las administraciones públicas que producen o gestionan vivienda, industria, equipamientos, como “productos inmobiliarios” necesarios para la vida, de carácter social, por naturaleza estamos orientados a considerar el valor de uso por encima de su valor como activo financiero. La primera responsabilidad para innovar en la arquitectura es, pues, de los gobiernos, administraciones, empresas públicas o semipúblicas, diputaciones y ayuntamientos, quienes podemos, desde la responsabilidad social, introducir la innovación como eje estratégico en la producción de bienes sociales inmobiliarios, las obras de arquitectura y de urbanismo de uso o con control público.
La innovación tiene riesgos, claro. Equivocarse en la solución tecnológica, el riesgo técnico, es el más evidente. Pero esto ocurre en todas las disciplinas. En la ingeniería o la medicina también hay que hacer experimentos, ensayo y error, deducción a partir de teorías e inducción de leyes a partir de la praxis concreta. Y el sector de la construcción –el público o el privado- puede asumir estos intentos, como en cualquier ámbito de la vida. Incluso el riesgo económico, empresarial, de acometer la producción de nuevos bienes sin consolidar por el mercado, es asumible e incluso consustancial a toda polítca de I+D+i. Es más grave el riesgo social, la cautela del conjunto de la sociedad –empezando por nosotr@s, l@s “inventores”de los sistemas a aplicar- respecto a las novedades que pretendemos introducir. Todos creemos en nuevas maneras de vivir los espacios, de nuevas configuraciones de los edificios, de nuevas potencialidades de sus instalaciones… hasta que nos preguntan cómo queremos que sea nuestra casa: entonces todo el mundo opta por el modelo tradicional, archiconocido, sin grandes novedades que interrumpan nuestra rutina doméstica.
Pero ante los riesgos tenemos una visión positiva. Al menos desde las instituciones públicas y sus entes instrumentales, hay experiencias que estamos impulsando como sociedad que están dando ya resultados de los que aprender y seguir construyendo con la innovación como bandera. Las experiencias de VISESA, la promotora pública de vivienda de Euskadi, en Zabalgana, Gasteiz, sobre industrialización aplicada a un edificio de vivienda en altura (sistema hasta ahora sólo utilizado muy tímidamente, o restringido a la construcción de uso industrial o comercial), van por ese camino. El concurso que esta misma entidad ha promovido para premiar “Nuevos espacios para vivir”, o la aplicación de la Guía de la Edificación Sostenible a sus proyectos y obras, o los elementos incorporados en materia de eficiencia energética y sostenibilidad en sus edificios (paneles solares y fotovoltaicos, adelantándose a los requisitos del Código Técnico, sistemas de ”District Heating” o producción centralizada de agua caliente sanitaria y calefacción “de barrio” con cogeneración de energía eléctrica, en las promociones de Antondegi en Donostia o Bolueta en Bilbao, son ejemplos de que el sector público vasco está apostando por la innovación con hechos concretos, no sólo con palabras o buenas intenciones.
Otras experiencias, del lado público y del privado, sobre nuevos materiales, estandarización, sostenibilidad, también están impulsando la innovación en la construcción. Pero todo es poco. Queda mucho, demasiado por hacer para alcanzar el nivel de innovación de otros sectores.
Los beneficios para la sociedad de la innovación deberían ser evidentes: más confort y calidad de vida, menor coste, mayor seguridad y salud tanto en obras como en la explotación de los edificios, menores tiempos de construcción, menor impacto en el medio ambiente, mayor eficiencia y menor consumo de recursos y energía y menor producción de residuos y emisiones contaminantes. ¿A qué esperamos?
(Las fotos son de la Biblioteca Nacional de Francia, en Paris, obra de Dominique Perrault, y las tomé en Diciembre de 2.007)
Tags: innovación construcción edificación arquitectura
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Yo lo veo bien, se puede decir de muchas formas pero el fondo es siempre el mismo.
Me ha gustado lo del agua: es impensable hoy día que entre agua en un coche y es impensable también que no entre en una cubierta de una edificación !y lo damos por normal, goteritas de nada!
Pues como el ejemplo de las filtraciones o condensaciones de agua hay un montón. Pero no se trataba de fustigarnos, de autoinfligirnos una penitencia...
Interesante propuesta,no sabia nada de este blog...agregados quedáis...
Mi blog/web de proyectos:
http://romantorre.wordpress.com/
El sexo y la guerra:
http://elsexoylaguerra.wordpress.com/
Bienvenido, motosierra. Esta es tu casa.
Hola Fernando,
os quería felicitar por el blog arKOOP que habeis creado, la verdad es que estais poniendo unos artículos muy interesantes.
Porcierto, sabías que koop en holandés significa venta? si... jajaja, "te koop" es "en venta" y "koopje" algo así como un "baratillo".
Un saludo!
Gracias, Susana. Me alegro de que te resulte interesante este nuevo invento; aunque no tenga nada que ver con el neerlandés "koop", porque esto es gratis total, ni se vende ni se compra: puro amor al arte. A la arquitectura, en concreto.