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MADE IN CHINA

El país más alejado culturalmente de los modelos occidentales, se esta transformando de manera acelerada, sorprendiendo al mundo con un crecimiento urbano sin precedentes, ilustrado por colosales obras infraestructurales más próximas a los antiguos emperadores, que a la era de la sostenibilidad.

ESTADIO OLIMPICO

Las primeras reflexiones sobre China desembocan en su escala, se trata del país más poblado del planeta, con 1.300 millones de habitantes y el tercero en superficie con casi 10 millones de kilómetros cuadrados, uno de cada cinco habitantes del planeta es de nacionalidad China, lo que da idea de la repercusión a nivel mundial del gigante asiático.

En 1978 las autoridades chinas decidieron iniciar las reformas para la apertura del país al exterior, canalizando así el paso de una economía comunista a una de libre mercado. Deng Xiaoping, no podía presagiar, el increíble desarrollo de los acontecimientos ya que en menos de 10 años, China ha batido el record histórico de crecimiento económico, duplicando su producto interior bruto, mientras que la superpotencia americana necesitó cerca de 50 años y Japón alrededor de 35, datos que explican la aceleración de este mercado.

En 25 años el porcentaje de población que habita en áreas metropolitanas se ha duplicado, pasando a ser el 40%, y generando un éxodo del interior del país hacia la costa, haciendo patente la desigualdad de este crecimiento, localizado mayoritariamente en las metrópolis costeras. De las 15 ciudades de más de un millón que tenia china en 1980, se ha pasado a 32, entre las que destacan diez incluidas entre las 30 ciudades del mundo con más de 5 millones de habitantes.

Esta vorágine económica y social, lleva aparejada una arquitectónica, urbanística e infraestructural de similar desproporción. Las grandes ciudades crecen sin control y los derribos máximos de antiguos barrios que van a ser sustituidos por centros financieros, o torres de apartamentos que multipliquen la densidad de la ciudad, eliminando de raíz el contexto urbano característico chino, son las actuaciones predominantes en las áreas urbanas ya consolidadas.

Un caso destacado es el de la construcción de la “Nueva Zhengzhou”, una ciudad nacida donde antes no había nada, que con un plazo de ejecución de 13 años, y una legión de trabajadores de la construcción de 40.000 hombres, que habitan a pie de obra, se finalizará en el año 2015,y se convertirá en una metrópoli con un millón y medio de habitantes, de clase social media-alta.

El paradigma de este crecimiento lo ha soportado la ciudad de Shenzhen, en las cercanías de Hong Kong, que a pasado de ser en 1980, cuando fue seleccionada por el gobierno como una de las zonas de economía especial (ZEE) para iniciar las reformas económicas, un pequeño pueblo de pescadores con 30.000 habitantes a convertirse en una ciudad de más de 10 millones, en cuyas factorías se copian los cientos de miles de productos que China exportará imitando a la grandes multinacionales occidentales.
Estas ciudades, se han convertido en la representación del “sueño americano”, y a ellas acuden diariamente miles de personas desde el interior del país, para buscar su oportunidad, en la mayoría de los casos estrellándose contra la dureza de las metrópolis, cuya característica más destacable no es precisamente la solidaridad social.

Estos radicales cambios en las estructuras y dimensiones de las ciudades, están obligando a la construcción de colosales obras de infraestructuras, aeropuertos, presas, tendidos eléctricos, centrales de energía, autopistas y cinturones periurbanos, que poco a poco sectorizan y compartimentan la ciudad en áreas diferenciadas. La mutación permanente del entorno urbano afecta directamente a la vida diaria de los habitantes de estas mega-ciudades, por ejemplo, la dificultad de mantener el transporte tradicional mediante bicicleta es altísima, colocando en su lugar al vehículo privado como la opción más recomendable para los ciudadanos; mientras occidente apuesta por un giro en sentido contrario.

Además este crecimiento ilimitado, no es gratuito, y genera un impacto, igual de colosal, sobre el medio ambiente, el territorio e incluso el patrimonio cultural. Tradicionalmente, la ocupación y colonización del territorio chino mediante baja densidad, ha sido muy elevada, pero el respeto absoluto del medio y la adecuación del ser humano al mismo, habían arrojado excelentes resultados, en comparación con los resultados obtenidos por aplicación de políticas basadas en el crecimiento económico y desarrollista.
El actual discurrir de los acontecimientos, genera dos sentimientos encontrados, por un lado el asombro y la admiración por esa velocidad de cambio, y por otro el terror de vislumbrar la incapacidad de China, para no ver los errores cometidos por occidente anteriormente, y adoptar sin ningún tipo de critica su modo de vida. Eso sí, a una escala en la que las repercusiones, para bien o para mal serán globales.


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Un Comentario »

  1. fmartinezh — 06-07-2008 - 12:10:28 GMT 1

    Esto del crecimiento desaforado en producción y consumo de recursos de las llamadas "economías emergentes" (aunque principalmente, no sólo China, también India o Brasil), y de lo que puede pasar si todo el mundo consume, produce y emite desechos al ritmo "occidental" es una de las reflexiones más importantes que toca hacer en el siglo XXI. En el vídeo que -casualmente-acabo de colgar en mi blog, ("La historia de las cosas") se dice, por ejemplo, que si todo el mundo extrajera recursos, produjera, consumiera y desechara al ritmo de los EEUU, necesitaríamos HOY entre tres y cinco planetas para "alimentar la máquina".

    Tampoco es justo que culpemos precisamente a esas potencias emergentes, hasta ahora "dormidas", por querer imitar el "american (o "european") way of life". Les enseñamos lo bonito del modelo (no lo feo), les gusta, lo imitan, y luego les decimos que no, que todos no podemos jugar al mismo juego porque no hay para todos.

    Me parece -es una intuición- que la solución vendrá por el cambio de modelo de crecimiento infinito por una reconsideración hacia el DECRECIMIENTO. Podemos dar de comer al planeta sin tener que esquilmar todos los recursos, siempre que reequilibremos su modo de producirlos y su distribución equitativa. Sólo con lo que tiramos aquí, en el "Primer Mundo", tendrían para alimentarse en gran parte del tercero donde mueren de hambre.

    DECRECIMIENTO. Creo que esa es la palabra-concepto-solución del siglo XXI.

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